miércoles, 19 de septiembre de 2018

La Clemen y la tecnología


Pues no es que no tenga nada más que contar, ni que me haya salido el trabajo de mi vida, ni me he olvidado del blog, ni me he muerto ni nada. Lo que pasa es que hemos pasado un mes en Colombia de vacaciones a ca los abuelos y al llegar a Alemania se me ha escoñado el móvil. Y ya le había cogido el gusto a hacerlo en el móvil y me ha costado mucho volver a sentarme como las personas delante del ordenador.

En estos dos meses he acumulado un montón de temas para contaros. Las vacaciones en Colombia, por supuesto. El vuelo con dos niños, uno de ellos con sus circunstancias especiales. La maleta minimalista para cuatro (grabé un vídeo, si consigo editarlo lo pongo en Youtube). Mi experiencia con el cocinado en serie y el intento de dieta flexitariana. No pude hacer vídeo pero mejor, lo hago cuando me salga más fluido. La evolución de Kumquat, las extraescolares y mis experimentos de limpieza minimalista, unos buenos y otros malos. Y una boda entre uno de los compis raritos de Pomelo (es que en Física encontrar gente como los de BIg Bang Theory no es raro y a veces la realidad supera la fición) y una pastora protestante en la Alemania profunda.

Hoy voy a empezar por contaros mi capacidad para la destrucción. A mí las cosas me duran mucho, pero mucho, no me aburro de ellas, no me importa que se vean usadas y me da mucha pereza ir de compras. Lo que pasa es que a Pomelo le duran más todavía y por comparación salgo perdiendo. Tenemos ropa de cuando nos vinimos a Alemania por primera vez en 2004, pero en plan camisetas, ropa interior, toallas y cosas que están pensadas para que duren tres meses.

Mi primer ordenador me lo compré a medias con mis hermanas en el 2000. En vez de ratón tenía una bolita muy pequeña de gomaespuma. Con ése aprendí a programar e hice todos los trabajos de la carrera de Física. Pero un día la versión nueva de Messenger no se instalaba porque el Explorer era muy viejo, pero el nuevo Explorer no se instalaba porque Windows era muy viejo, pero el nuevo Windows no se instalaba porque no cabía. Y oye, antes del Whatsapp, sin Messenger no podíamos vivir.

Nuestros ordenadores portátiles actuales (y únicos, y eso que Pomelo programa y analiza millones de datos) son de 2010 y parecen Netbooks, pero el mío no ha sobrevivido (me lo regalaron mi hermana mayor y mi madre, ay). Se me rompió la parte donde se une la pantalla con el teclado y bueno seguí tirando, pero el disco duro rascaba al girar, mmm peligroso, pero es que encima se me instaló el Windows ese de la Muerte sin yo consentirlo explícitamente y perdió por el camino cosas de arranque. Tuve que ceder a que Pomelo me instalase el Ubuntu o Kubuntu o lo que sea, porque total yo no podía hacer nada y si quería rescatar los archivos tenía que dejarlo hacer. Me duró poco más, estaba ya muy jodido y el año pasado murió del todo. Ahí lo tengo en un cajón a ver si Pomelo me puede rescatar algo y me lo resetea para pegarle fuego reciclarlo. Así que ahora uso el de Pomelo, que es exactamente igual pero nunca ha llevado Windows desde que llegó a sus manos.

Desde aquí hago un llamamiento a los que hacen Ubuntu, Kubuntu o lo que sea, por favor, hacedlo para tontos como el Windows. En vez de mirarnos por encima del hombro, hacedlo para que queramos usarlo y no queramos volver al dominio del imperio. No quiero abrir la cosa de escribir comandos, quiero poner en Google, por ejemplo, “programa para editar vídeos de Youtube” y que me salga en el centro de la pantalla un botón grande y llamativo sobre el que hagas clic, se instale directamente, aparezca el icono en el escritorio, lo abras y funcione todo estupendamente.

Los cables de los móviles y de los ordenadores también hemos tenido que cambiarlos, según Pomelo yo me los cargo, pero vamos que no les hago nada raro. Eso sí fabricantes de cargadores de móviles, por favor, hacedlos más largos, joder, tanta tecnología y no podéis poner unos centímetros más de cable, que me siento en el sofá y el conector siempre me queda en tensión mientras el teléfono carga. El conector, mi hombro, mi muñeca y mi espalda.

Luego viene mi experiencia con los smartphones. He tenido tres desde 2013. El primero era un Samsung pequeñito que le regalaron a mi hermana por cambiarse de compañía telefónica. Le tenía que vaciar la memoria de vez en cuando, pero a mí me valía. Hasta que un día cayó desde una mesa completamente boca abajo y el táctil dejó de funcionar. No me merecía la pena arreglarlo, así que me compré uno chino ZTE de plástico por 50€, no me duró ni un año, pero no tuve yo la culpa, se le hinchó la batería y no cargaba, era malísimo, así que no me dio pena. Pomelo me echó mucho en cara lo mal que había hecho por comprarme esa ganga mierda un teléfono barato, así que me compré un Samsung güeno güeno, grande y pesado, lo compré con protector de pantalla y funda. Bueno pues se me ha caído desde el sofá completamente plano boca abajo y la pantalla se empezó a poner lila y luego se quedó negra. Me dio un bajón muy grande. Se rompió la pantalla y mi autoestima en mil pedazos.

En esta angustia vital andaba cuando le puse a Lima el Skype en el ordenador de Pomelo para que hablase con su tía. Y para una vez que Lima está quietecica y formal, bien sentada delante de la mesita (la mesita es de tres patas porque a Pomelo le gusta ese estilo retro-moderno-minimalista que se lleva ahora). Lima se movió en la silla, le dio sin querer a la mesa, volcó, el ordenador cayó al suelo y la pantalla quedó con píxeles de colores aleatorios. Por suerte no pasó nada, pero perdí varios años de vida y tengo diez canas más.

Y mi última destrucción ha sido la más ridícula de todas. Querido profesor Ibáñez, me merezco todos los suspensos que me puso en Termodinámica, pero a lo mejor tampoco merecía perder todas las becas por ellos, que una es de origen más bien humilde. Pero si me lee, no pida un cambio de expediente, no devolveré mi título NUNCA. Pues estaba yo tan feliz haciendo esta receta de pan
https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2015/06/16/receta/1434463272_197954.html y pone que hay que meter una bandeja en el horno y cuando esté caliente echarle agua. Un pequeño detalle es que pone que sea metálica. Yo que tengo terror a estas cosas y que siempre soy muy cuidadosa con el vidrio frío o caliente. Pues iba tan loca haciendo cosas a contrarreloj y siguiendo la receta tan al pie de la letra que no pensé, yo es que soy muy bien mandada. Como no tengo bandejas metálicas, metí una fuente de horno en el susodicho horno, lo puse a tope y ya caliente había que echarle un vaso de agua para hacer vapor y... lo que pasó a continuación os sorprenderá (no). Abrí el horno caliente y eché un vaso de agua fría en una fuente de vidrio a 250°C, pegó una explosión que parecía una bomba, no me saltaron vidrios a la cara de milagrito. Por lo menos aprendí por fin cómo sacar la puerta del horno para limpiarlo.

La Clemen en el blog ¿Y de verdad tienes tres?

Durante Agosto me publicaron un texto en el blog http://www.ydeverdadtienestres.com/ y me hizo muchísima ilusión que Vanesa Pérez me contactase para escribir en su blog sobre mi experiencia con Kumquat y su discapacidad. Muchas gracias Vanesa.

Su blog me gusta mucho, habla de su experiencia con mucha sinceridad y también tiene un espacio para dar voz a otras familias que viven con la discapacidad infantil. Esto es importantísismo, para los que vivimos con la discapacidad infantil nos ayuda conocer otras experiencias, ver cómo hace cada uno para resolver sus problemas y para compartir sentimientos. Y para los que no conocen la discapacidad de cerca, para concienciarse, normalizarlo y prepararse porque eso nos puede llegar a todos. Echadle un ojo, os enganchará.

Os dejo el enlace de mi aparición en "¿Y de verdad tienes tres?":

http://www.ydeverdadtienestres.com/retraso-del-desarrollo-sin-diagnostico-conviviendo-con-la-discapacidad-en-alemania/

martes, 7 de agosto de 2018

Apadrinar un almendro

Agosto es un mes muy especial para mí. Un mes muy familiar. Actividades en familia desde por la mañana temprano, con un objetivo común y bajo un sol intenso. Comidas en el campo, beber de una cántara tapada con un limón, comer latas de atún bajo un viejo almendro y melocotones de postre. Así eran mis vacaciones estando a sólo 15 kilómetros de la playa. En agosto cogíamos almendras.

Y eso ha sido así toda mi vida hasta que emigré. Y cuando digo toda mi vida es toda mi vida. Mi madre embarazada caminando por el bancal polvoriento con tres niños (mi padre conducía el tractor), yo de muy pequeña lloriqueando detrás de la familia, un poco más grande recogiendo las almendras del suelo con un capazo y ya en la adolescencia llegó el ascenso a miembro fundamental del equipo llevando una de las lonas y vareando el árbol. Después llegó la universidad y tenía que pasar el día en el campo y estudiar por la noche para los exámenes de septiembre. Hasta que conseguí la beca Erasmus y ese verano trabajé de camarera en la playa para ganar algo de dinero para irme. Mis hermanas también habían trabajado en verano cuando eran universitarias, pero la sensación de traición a la familia no se me iba. Y ahí ya me fui, mi madre enfermó, todos crecimos o envejecimos y mi padre empezó a alquilar la "sombrilla" que recogía las almendras.

Coger almendras es duro, trabajar en el campo siempre lo es. Es un trabajo lleno de sensaciones. En agosto en Murcia pueden hacer 40°C tranquilamente, el sol arde y la tierra de color claro lo refleja. La tierra es polvo reseco y piedras, perfectamente labrado, es decir, los pies se hunden en la tierra a cada paso. La máquina con la que recogíamos las almendras tenía forma de barca, iba tirada por un tractor y llevaba un rodillo de "proa" a "popa" donde se enrollaba una lona dividida en dos para dejar el almendro en su centro. Caminábamos vara en mano pesadamente detrás del tractor, tragándonos el humo y el polvo que levantaba; entonces dos cogíamos sendas barras de metal que mantenían la lona estirada y tirábamos de ella, desenrollándola y rodeando el almendro; vareábamos el almendro y una nube de polvo, insectos y almendras como proyectiles caían sobre nosotros; para terminar sujetábamos las barras y el tractor enrollaba las lonas cargadas de almendras. Las lonas quedaban cargadas formando una bolsa y teníamos que dirigir las barras, levantarlas sobre la barca soportando todo el peso de las almendras y vaciarlas dentro de la barca. Mi padre modernizó la barca y le puso altavoces, escuchábamos las noticias de Radio Nacional que se repetían cada hora.

Tardábamos unas dos semanas en recogerlas, casi siempre metiendo a alguien para ayudar. Y se daban situaciones "divertidas", la barca medía unos siete metros de largo y el terreno es inclinado, así que con el peso a veces se resbalaba y quedaba atascada entre dos almendros. O había una avería en el tractor o se desgarraba una lona.

También teníamos almendros especiales, son los almendros heredados generación tras generación, así que no es para nada un cultivo intensivo. Se aprovechaba el terreno tal cual era y se labraba con vacas. Así que teníamos hileras de almendros más o menos homogéneos en un terreno inclinado y pedregoso pero relativamente llano. Almendros centenarios que necesitaban de varias lonas extras alrededor (el arte de tirar y tensar de una lona también tiene lo suyo y luego doblarla como si fuera la bandera patria para guardarla), almendros en el borde de un barranco, dentro del barranco o encima de un monte. El almendro de clase diferente que había que coger aparte; el de almendra puntiaguda la hija de puta que encima se agarraba como ninguna al almendro, había que varearlas una a una con fuerza y salían despedidas y nos golpeaban con su pico; el de almendra diminuta que encima maduraba antes y había que recoger la mitad del suelo entre las piedras y cosicas así.

Después de recogerlas las pelábamos echándolas con capazos a una peladora, era un ruido ensordecedor y soltaba muchísimo polvo y pelusilla que picaba. Eso porque tuve suerte y a mí me tocó peladora y barca. Después de pelarlas las extendíamos enfrente de la casa para tenerlas vigiladas y que se secasen al sol. En el montón de almendras pasábamos las siguientes dos semanas, repasándolas una a una sacando las rotas y las que no se habían abierto. Esto aparte de que se te durmiesen la piernas estaba bien porque no había ruido y podíamos escuchar los 40 Principales. Cogíamos un moreno maravilloso, a veces hacíamos esto en bikini. Acostarse por la noche en las almendras aromáticas y fresquitas a ver la lluvia de estrellas sin contaminación lumínica molaba.

A final de agosto las metíamos en sacos a capazos y las vendíamos.
Pero la verdad es que la experiencia almendril empezaba ya en julio o incluso junio cuando terminábamos los exámenes. Mi padre ponía a punto el tractor con nuestra ayuda, tengo una gran paciencia y una gran vida interior porque pasaba los veranos sentada a su lado pasándole herramientas y siguiendo sus órdenes con la mente en blanco. A final de julio íbamos al Carrefour y comprábamos un salchichón entero y otros embutidos para ir haciendo bocadillos para el almuerzo en el bancal. Daba gusto ver la despensa, pero la tensión en casa se podía cortar con un cuchillo.

Mi padre construyó varias barcas. Él era ingeniero, sin título pero ingeniero. Compraba chatarra oxidada y la convertía en máquinas. No hacía planos, estaba todo en su cabeza. La última barca podía pelar la almendra conforme la cogía y nos ahorraba un montón de trabajo. Los inventos de mi padre dan para otro post. Siempre lo admiré y envidié por eso. También hacía una horchata de almendras deliciosa.

Los veranos eran un no parar, pero cuando crecimos y mejoraron las comunicaciones, terminábamos el día en playas preciosas. Después de todo el calor, sudor, tierra y bichos nos metíamos en playas tranquilas y casi vírgenes. Con el sol poniéndose y el ruido de las olas me sentía muy afortunada por vivir en lo que para mí era el paraíso.

Y lo echo de menos. El sonido de las almendras al revolverlas para que se sequen, el olor tan intenso que despedían y la horchata congelada. Siempre bromeábamos con que habría gente que pagaría por vivir esa experiencia. Y oye, es verdad, porque trabajar en el campo es duro, pero como experiencia tiene su rollo. Es una experiencia muy intensa para los cinco sentidos y se puede vivir también de forma tradicional sin ruidos ni humos. Así que el proyecto de apadrinar árboles será con almendros o no será. Si lo conseguimos, por supuesto incluirá un limonero pero privado.

Cuantas más vueltas le daba al proyecto de los cítricos más problemas le veía. Primero había que arrancar los almendros, hay que ser prácticos y avanzar, pero son vidas, vidas con muchos más años que yo, vidas que han sido parte fundamental de la mía y de la de mi familia. Imaginarme los almendros arrancados con las raíces hacia arriba me parte el alma y eso pasará si no hacemos nada para salvarlos. Los almendros son de secano y son de especies tradicionales de la zona. Nuestro proyecto quiere ser sostenible y eso sólo puede ser manteniendo un cultivo de secano, si cambiamos a cualquier otro árbol, incluso si ponemos todos los almendros nuevos de especies más productivas el gasto de agua será tremendo y eso es todo lo contrario al espíritu del proyecto.

Habrá que reponer algunos almendros que se han secado por no cuidarlos, pero mantener los antiguos, los especiales, los que conozco rama a rama, los que tienen alma. Y hacer un trabajo muy duro para recuperarlos y que no se pierdan. Hace falta una gran inversión y antes de empezar quiero estar segura de que no lo perderemos todo, sobre todo con dos niños.

La idea es recuperar los almendros gracias a la ayuda de padrinos, los padrinos reciben un certificado con la foto y ubicación del almendro. Reciben información periódica de la explotación, pueden visitar su almendro, recoger su cosecha o recibirla en casa. A ver repito, que puedes recoger TUS almendras en AGOSTO en la PLAYA. Y no os podéis imaginar lo bonitos que son en periodo de floración y lo bien que huelen. Por supuesto, cultivo ecológico.

Si te interesa ser padrino y ver cómo va creciendo el proyecto desde el minuto cero suscríbete al blog, déjame un comentario y sígueme en mi Twitter @laClemen1.

Estoy planteándome seriamente abrir un canal de Youtube, el primer vídeo sería cómo meter toda la ropa para una familia de cuatro para un mes de vacaciones en una maleta de mano. En fin, cosicas varias del día a día y por supuesto los arreglos de la casa y los almendros. Sí, arreglos de casa rural ruinosa llena de trastos a casa rural bonita y minimalista. Ya sabes, si te interesa, sígueme.

viernes, 6 de julio de 2018

Copa menstrual: toda la verdad



¿Quieres saber más sobre la copa menstrual?

Pues te voy a contar lo que nadie te ha contado hasta ahora. Con pelos y señales. ¡Aviso!

¿Qué es la copa menstrual? 

La copa menstrual es un cono de silicona que se introduce en la vagina y recoge la menstruación.
¿Cómo? ¿recoger la menstruación? ¿recoger? ¿en serio?

¿No es un poco desagradable?

Sí. ¡Pero eso es asqueroso! Sí. Pero menos que tener un cacho de plástico absorbiendo la menstruación entre las piernas, oliendo y manchándote. O llevar una bola de algodón dentro que te absorbe hasta las ganas de vivir.
Que luego los tampones y compresas se tiran en una papelera y quedan ahí apestando hasta que sacas la basura. Mientras que el contenido de la copa va al váter, tiras de la cadena y hasta nunca, en un segundo.
A ver que yo no niego mi feminidad ni esos rollos, pero una semana sangrando como un cerdo degollado pues tiene sus inconvenientes y quieras o no, es un marrón que tienes que gestionar de la manera más higiénica que puedas.
A lo mejor eres de las que sangra unos pocos días. Y sólo uno tienes que usar algo eficaz durante el día fuerte y los demás te apañas con un salvaslip. Si ése es tu caso te tengo mucho asco envidia.
Pero si no, tendrás un cajón lleno de compresas y tampones, tendrás que ir a la droguería cada dos por tres y dejarte una pasta. Y además tendrás una papelera maloliente en el baño, que como tires también los algodones del tónico facial, lo puedes flipar con los vapores que salen de ahí.

La copa menstrual es más ecológica

La copa menstrual es la solución a todo esto. Más ecológico, más barato, más cómodo y más limpio, sí, mucho más limpio.
Hasta aquí las bondades resumidas que te van a contar donde quieran vendértela o hacerte adepta de la secta. Yo quiero contarte algunas cosas prácticas de su uso habitual.

¿Cómo se usa la copa menstrual?

La mía es una LadyCup muy mona de color lila. Además viene en una bolsita de algodón con estampado de florecillas. La compré en Amazon hace varios años. Talla grande, estaba cerca de los 30 y con planes de embarazarme.

¿Es cara la copa menstrual?

No sé cuánto me costó, pero más de 20€.
En su día hice cuentas y usando las cajas de cincuenta mil tampones/compresas de marca blanca más barata, amortizaba la compra en cinco años.
Eso aquí en Alemania. Si estuviera en España lo amortizaba en un par de años. Aquí en Alemania las cosas de droguería son más baratas.
Y bueno con embarazo y todo, ya estoy ahorrando.

¿Cómo esterilizar la copa menstrual?

También me compré un cacito pequeño para hervirla y esterilizarla. En internet venden un recipiente para el microondas pero es caro. La copa venía en una caja de cartón normal, sin sellar, cosa que no me hizo mucha gracia.
El rabito se lo corté casi entero, dejé un poco para sacar la copa más fácilmente, pero me rozaba y lo corté entero. La verdad es que no sirve para nada.
Se hierve 10 minutos, y se deja enfriar antes de usarla.

 ¿Cómo poner la copa menstrual ?

Para poner la copa menstrual, hay que doblarla y se introduce en la vagina más abajo que un tampón. Es mejor usarlo las primeras veces en casa.

¿Cómo sacar la copa menstrual?

  • Para sacarla se meten los dedos.
  • Se dobla para romper el vacío (importante).
  • Y se saca de forma que no se vuelque. 

 

  ¿Te puedes manchar al sacarla?

Al principio sobre todo sí.
Las dos primeras veces me eché el contenido completo en el pantalón.

 ¿Tiene escapes la copa menstrual?

Cuando está dentro no tiene que notarse nada. Es tan infalible como otro método. Es decir, tus bragas no van a ser blancas impolutas. Hagas lo que hagas.
Yo no lo he conseguido nunca, por mucho que me cambie. O por mucha absorbencia que tenga el tampón o longitud de la compresa. ¿Os he dicho ya que sangro como un cerdo degollado?
Con la copa a veces me quedan pequeñas manchas, como flujo coloreado, no el gotón de una compresa que se mueve o un tampón que se moja hasta el hilo.

¿Cada cuanto hay que vaciarla?

Hay que vaciar la copa cada doce horas como máximo. Yo la he llegado a tener catorce y ahí ya el contenido huele raro. En mi caso el día fuerte la vacío con más frecuencia, se nota como un peso.

¿Cómo limpiar la copa menstrual?

De normal, como se vacía cada doce horas, estarás en casa. Vacías la copa menstrual una vez al levantarte y otra al llegar a casa al final del día.
Una de las dos veces puedes estar en la ducha. Y la otra en el bidé si tienes la suerte de tener ese bendito artefacto. Si no, se vacía en el váter. Se quitan los restos con papel y se lava en el lavabo con agua y jabón.
Al final tu lavabo, bidé y ducha van a ver tanta menstruación como si usas otro método. Sí, te vas a manchar las manos o por lo menos una, como cuando usas tampones sin aplicador.

¿Cómo limpiar la copa menstrual fuera de casa?

Si no estás en casa necesitas una botella de agua para lavar la copa en el váter.
Por favor no seas guarra y no la vacíes en el lavabo del trabajo. Ni en el de tus suegros. Si eres torpe y te vas manchar las dos manos, lleva toallitas;
Por favor, no seas guarra y no toques el pomo de la puerta o la cisterna con sangre en las manos.

¿Qué pasa si se llena la copa menstrual?

Si se llena demasiado sí puede derramarse y mancharte.

¿Cómo se guarda hasta el siguiente periodo?

Antes de guardarla para la próxima menstruación se vuelve a hervir. Confieso que muchas veces me salto este paso. Pero siempre que sale es bien lavada con agua y jabón y nunca vuelve a entrar de un mes a otro sin hervir.

¿Y si me la quiero llevar de vacaciones?

Para llevártela de vacaciones, llévate el cazo también. Siempre, nunca se sabe. Que luego en el aeropuerto igual la manosea el funcionario o la babea el perro antidrogas.
No es nada engorroso, una caja de tampones ocupa muchísimo más. De compresas ni te cuento y también las puede babear el perro.

Algunas ventajas de la copa menstrual

  • Piensa que no vas a saber nada de tu menstruación hasta que no estés en casa.
  • Ya no te vas a tener que cambiar nada en un aseo público.
  • En tu bolso no van a haber compresas.
  • Vas a tener un cajón más en el baño.
  • No vas a tener que ir corriendo el último día del ciclo al súper.
  • No vas a pasar la vergüenza de preguntarle a tu amigo que dónde tiene la basura en su piso.
  • Sirve para bañarse e incluso para hacer nudismo, no tienes el cordelito del tampón.
  • Es compatible con el anillo vaginal anticonceptivo.
  •  No pica, no roza y no reseca como los tampones. 

 

Desventajas de la copa menstrual

 1 - Incómoda al hacer caca
Un inconveniente para mí es que se baja al apretar para hacer caca. Se sale un poco, no sé si llega a caerse, nunca he dejado que pase, me la quito antes. Es una sensación muy desagradable, te puede cortar el rollo y estreñirte un poco. Es mejor quitarla primero y ya apretar con tranquilidad.
2 - No se puede usar en el postparto
No sirve para los loquios o sangrado postparto. Pero tras la cuarentena, si todo está bien, se puede usar desde la primera regla después del parto. Vamos, yo lo hice.

 

 Relaciones sexuales con la copa menstrual

No se puede tener un coito con la copa puesta, pero para todo lo demás incluyendo sexo oral, es obviamente mejor que otro método.

 

¿Pueden usarla las niñas?

No sabría decir si es apropiada para niñas, supongo que sí. Pero requiere de un conocimiento previo del propio cuerpo, que por otro lado todas deberíamos tener.

 

¿Puedes ponértela sin la regla?

Si sabes que te va a bajar la regla, te la puedes poner. Si estás terminando y tienes poco flujo, puedes seguir llevándola.

 

Conclusión y mi opinión sobre la copa menstrual

En fin, que no vuelvo a usar otra cosa ni loca.
Y lo mejor de mi regla es que gracias a DIU (no podía dejar pasar este chiste) no la tengo y no la echo de menos para nada.
¿Cual ha sido tu experiencia con la copa menstrual? ¿Me lo cuentas en los comentarios?

lunes, 25 de junio de 2018

Guardería para Kumquat 2. La guardería especial

Y llegó el día de ir a donde nadie querría ir nunca, al lugar donde no quieres dejar a tus hijos. Donde las pesadillas se hacen realidad, donde todos los miedos del embarazo y primera infancia se encuentran: la guardería de educación especial.

No me di cuenta de lo mal que lo llevaba hasta que Lima se despertó en medio de la noche como hace todas las noches cada dos horas y le pegué un grito. Entonces fui consciente del rechazo incluso físico que sentía a ir allí.

El caso es que Kumquat y yo vamos casi todas las semanas allí al grupo de padres con niños con necesidades especiales. Y de allí es también la pedagoga de estimulación temprana. Es un lugar que ofrece un montón de servicios a la discapacidad.

En esta guardería hay varios grupos de Krippe, Kita y especial. Según las necesidades de los niños los pasan a un grupo o a otro. Así que en el patio hay, por ejemplo, niños acostados en el suelo mirando como otros corren, porque a esos niños les viene mejor ese estímulo que estar en el grupo especial. Tienen fisioterapia, logopeda y ergoterapia y allí van los de las ortopedias que ajustan los carros y sillas especiales y las ortesis. Así que no tendríamos que estar yendo a otros sitios. Además está todo adapatado y las pedagogas son especialistas en educación especial.

En la primera visita conocimos a otra niña menudita como Kumquat y también con gafas. Kumquat y la niña se vieron, se sonrieron y se comunicaron a su manera, me pareció muy gracioso. Los otros niños no interaccionaban. Nos quedó la curiosidad de qué tiene ella, cada vez que vemos a un niño con discapacidad lo analizamos disimuladamente, intentando encontrar similitudes y descubrir qué le pasa a Kumquat. En el grupo de padres también conocimos a un futuro compañero, alto prematuro, un poco rígido y con los ojos para arriba. La madre harta de no encajar en ninguna tabla de peso y desarrollo, decía que ya no le importaba si el niño iba a gatear,  que lo que le importaba es que estuviese sano. Y yo lo miraba y decía “ gensanta, define sano”. Pero vamos que Kumquat está prácticamente igual aunque fijando la mirada y sonriendo.

La verdad es que el sitio me gustó y hemos pedido plaza. No está claro si en otoño habrá plazas libres, porque dependen de que los mayores pasen a primaria y eso en esta guardería no es obvio. En Alemania para entrar a primaria miran la edad y el desarrollo, si van más lentos pueden esperar a madurar un año más en la guardería. No me parece mal, pero claro da mal rollito cuando tu niño no puede pasar a primaria y sus compañeros sí.

Kumquat empezaría en el grupo especial con una adaptación muy lenta y si ven que necesita más estímulo lo pasan al grupo de integración (niños normales más dos o tres con necedidades especiales). Tenemos que ir muy despacio porque aunque no es intenso como Lima, se cansa muy rápido y necesita dormir varias veces al día. El problema es que si está muy cansado y se pone a llorar le dan espasmos del llanto que son el HORROR.

A cualquier guardería que vaya le darían una silla especial y si nos queda difícil llevarlo por distancia y organización familiar nos pondrían transporte. En las aulas de especial cada niño tiene su silla adaptada, Kumquat tiene una que se inclina, sube y baja con mecanismo hidráulico, así puede llegar a mesas de mayores y a mesas de niños. También está hecha a medida para sujetarle la espalda y con sujeción en el pecho. Por su hipotonía no puede estar sentado por sí mismo, se chuchurre. Necesita mucha sujeción y estabilidad para que no se le tuerza la columna (este tema nos tiene muy preocupados) y para que deje de echar los brazos hacia atrás para mantener el equilibrio y así pueda coger cosas para comer y jugar (en esto ha hecho un gran avance).

Lo más importante al final es que creemos que aquí le van a dar todo lo que necesita y van a aprovechar al máximo su potencial. Y sobre todo deseo que esté a gusto y que disfrute.